Dear John.

Publicado en por Virginia

En esta desdichada madrugada continuas vagando, donde las calles permanecen en silencio, entre la multitud de unos sueños prohibidos en los que ellos perviven.

Acompañado de una barata botella, le hablas a las nubes, empañándolas de un aliento a whisky, y rezándole a la nada, le ruegas a la suerte que nunca te sonrió, la anécdota que siempre esperaste.

Tus pasos son torpes, casi como tu forma de hablar.

La vieja taberna del tío John sigue abierta, acogiendo en su regazo a los nocturnos viajeros, cuyas vidas perecieron en las profundidades del alcohol, marcadas eternamente por la pena y la compasión.

Las puertas fard west tienen un áspero tacto, usadas y desgastadas por los años, dieron la bienvenida a demasiados forasteros, que dejando allí sus huellas, te permiten revivirles y hacerles cómplices de tus acciones.

Al cerrar los ojos, ocultaste tu pobre apariencia, aquellos humedecidos zapatos italianos, aquella chaqueta marrón, no por su color, sino por el barro recogido en tus peores noches, ese viejo sombrero, que no impedía que el agua de la lluvia te calase… son muchas cosas las que pasaron por tu imaginación, pero al abrir de nuevo esos ojos vidriosos, la realidad que contemplaste fue de ensueño.

¿Dónde quedó esa triste máscara? Si yo contemplo a un hombre cubierto de esplendor, de exquisita elegancia y talento embriagador.

¿Dónde murió consigo el calor humano? Si ahora te encuentras rodeado, en la cumbre social.

Mi mirada recorre tu cuerpo lentamente, de abajo hacia arriba… esos zapatos, recién embetunados, te describen desde el suelo, ese pantalón, escondiendo tu mayor vicio, unos cigarrillos cortos, que prendidos regalan el aroma de tu fuente de inspiración, esa blanca camisa, ausenta arrugas, reposando en su único bolsillo una hermosa flor; que se oculta tras la smoking jacket sin colas como tu antiguo chaqué.

Todo esto, material, no se compara a la ilusión que tus ojos reflejan, esa sonrisa resplandeciente que destaca en todo tu rostro, tu cabello despeinado, que describe al inglés como arrebatado.

Un conjunto impecable, decorado finamente con una negra corbata y sombrero de Fedora, cubierto en su interior de una banda suave.

-Este flash, que ha cambiado tu actual vida por otra, no te hace extrañar, querido Charles.

 

Mi voz resuena en tu conciencia, y te invita a entrar a la taberna, donde todos reviven en la noche que antes creías muerta. Olor a ocio y a pecado, esa es su vida…

Todos se saludan, todos conocen las historias ajenas, y agudizan su interés cuando en sus gargantas resquema el trago de la absenta Pernod Fils, nublando con las horas su razón y su inocencia, matando el tiempo con partidas de blackjack, donde las trampas sucedían y las peleas las seguían, acompañadas con risas y multitud de cristales rotos.

Pero sigues sonriendo, disfrutando de todo lo que ves, ¿Tanto lo añorabas?

-¿Acaso vas a ignorar al viejo John?, sigue esperándote en la barra, como solía hacer.

 

John te mira, expectante y ansiando preguntarte ¿qué fue de ti?, cuando todas esas noches le narrabas cada una de tus desgracias, conviviendo con los vagabundos de Abbey Road, añorando una buena copa de glen Grant y no ese ‘’matarratas’’ baratucho al que llamabas bebida.

Él sonríe, recordando aquellos viejos momentos que de vida le llenaban. Me hablaste de su peculiar bigote, el cual atusaba con frecuencia, peinándolo con sus dedos aromatizados a un gran reserva. Me hablaste del rifle Winchester que relucía en lo alto de la barra, cubierto de polvo, con el que ahuyentaba a los más desdichados…

-Vamos Charles, ya me has visto bastante, mira a tu derecha, creo que te gustará.

Tu sonrisa persigue al giro de tu cabeza, hasta encontrarse con lo que tanto amabas, allí, en ese oscuro rincón, sobre el vacío escenario, un piano impecable ansiando ser tocado, y con su música, quizás, podrías hacerles feliz…

-¿A qué esperas?...

Sacudiéndote las manos te levantas, decidido a alumbrar con tu música al público, que aplaudiendo, te recibe.

Acaricias las teclas antes de sentarte en la cómoda silla de cuero, se te escapa algún suspiro acompañado de una breve lágrima, que sólo llega a asomar.

Antes de dedicar tal melodía, vuelves a mirar por última vez a tu alrededor, y disfrutas…un poco más.

 

Canción:

Aún recuerdo todos aquellos momentos

en los cuales yo era protagonista,

un músico arrebatado, solo frente al piano

frente a un micrófono humedecido de alcohol.

Quizás ya sea tarde,

quizás no quede tiempo,

espero hacerles sonreír… una vez más, sólo una vez más…

[…]

 

Agotado ya tu tiempo, cesó la música junto a tus recuerdos, y comienzas de nuevo, allá donde lo dejaste, a las puertas de una taberna, formada por escombros.

Aturdido y con la botella vacía, no queda otra, querido Charles, sigue vagando, tarareando esa triste canción…

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mbt zapatos 04/11/2012 10:53

Tu sonrisa persigue al giro de tu cabeza, hasta encontrarse con lo que tanto amabas, allí, en ese oscuro rincón, sobre el vacío escenario, un piano impecable ansiando ser tocado, y con su música,
quizás, podrías hacerles feliz…