Día a día

Publicado en por Virginia


En la noche no escucho más que las gotas de una vieja cañería, las hojas de los árboles empujadas a merced del viento

y el motor de un viejo coche.

Las oxidadas vías de un tren esperan que al amanecer sean arrolladas por vagones cargados de gente con la rutina del día a día.

Y mientras todo espera, rompo los esquemas de una tradición.

Me encuentro ruidosa entre el silencio de una ciudad con cielo estrellado, curiosa al preguntarme si te encuentras en un cuento dentro de tus sueños, o si quizás te desvelas asustado creyendo que una pesadilla podría alcanzarte.

Y entonces asomada en un rincón de la ventana veo todas esas luces, alumbrando sin sentido todas las pisoteadas calles, aguardando el ajetreo de mil personas corriendo, cumpliendo como siempre, su monotonía.

Cargadas de preocupaciones o esperanzas, caminarán creyendo que el tiempo pondrá fin a sus inquietudes, y sólo mientras el sol brille, seguirán teniendo miedo.

Ahora todo pensamiento muere entre sábanas, y sé que nada podrá despertaros, que la noche es vuestra cura y los sueños el mejor remedio.

Que los párpados son preciadas cortinas que impiden que la luz os devuelva de nuevo los temores, y que el corazón late descansado a un ritmo casi inapreciable.

Las horas pasan y el reloj trabaja sin cesar, el mundo gira y el sol parece asomar a lo lejos, y cuando él lo hace, poco a poco todos abren los ojos… sí, esta es nuestra rutina.

A las seis de una fría mañana, alumbra con esplendor un sol radiante, y mientras sigiloso se deja ver, los gorriones le reciben con sus cantos, y esa vieja radio acompaña al hombre en un trayecto largo, camino al duro trabajo.

Él canturrea la misma y triste canción de cada día, recordándola palabra por palabra, y cada una de ellas le trae un humilde recuerdo, pasajero, como tú.

Mientras el usado camión se aleja llevando consigo su melodía, el mundo parece estar quieto, expectante y añorando que su vida sea narrada.

En este antiguo puerto solía recordar la mujer su juventud, y con lágrimas se consolaba mirando el mar, y en su reflejo una película sucedía; y pensaba que ese tiempo fue el mejor, en su pensamiento no había más que una pequeña esperanza: ‘’Podría volver a sonreír’’.

Tal y como ella esperaba con anhelo, un caminante reposó su brazo en su hombro y afirmo su deseo.

A cien metros de la lejana bahía, y en un banco de madera, miras al cielo vacío y sin compañía,¿Qué esperas encontrar? .Caminaré entre la multitud a la que hago personajes de un bello cuento, no tengo prisa por encontrar comienzo, ni tampoco un nudo o desenlace, creo que la vida es capaz de contar su propia historia.

Y si preguntas si acaso tengo miedo a que nadie hable de mí, no temo, porque mi historia convive con la vuestra, y si no estuvierais escondidos en cada recuerdo, todas estas palabras, carecerían de sentido.

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