Son sus besos

Publicado en por Virginia

Y le contemplé ensimismada, mientras que, con dulzura, correspondía mi asombro.

Le miré fijamente a los ojos, sin parpadear un solo instante, y le vi llorar; pequeñas

gotas similares al rocío mostraban su contento, deslizándose vagamente por su piel tersa

y brillante. Buscaba en su sonrisa la hilaridad que en mis oídos era obsequio. Y degustaba tímidamente la sapidez salada de la felicidad, lentamente, solo cuando se derramaba en la comisura de sus carnosos labios, y se atrevía entonces, sigiloso, a compartir conmigo tal aplacimiento.

Era mi perdición, el rozar aquella boca tan perfecta, confeccionada solo para mí; donde el calor que desprendía el amor estremecía por completo mi cuerpo, mi entidad.

 

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